Cada día, pero de manera muy especial el Domingo, Dios nos reúne, nos congrega como pueblo muy amado. Hoy nos invita a responder plenamente a la vocación presente tal y como se puede descubrir a través de las llamadas concretas de una determinada sociedad, ya que esta vocación encuentra finalmente su fuente en el mismo Dios.
Pablo contesta a las preguntas más importantes que le han planteado sobre el final de los tiempos, y rehúsa entrar en especulaciones sobre la fecha de la vuelta del Señor. Lo importante es vivir continuamente en la presencia de Dios, dispuestos a recibirle en cualquier instante.
El discurso escatológico presenta en primer lugar el Reino de Dios realizado con la intervención divina, y en segundo lugar presenta la parte del hombre en esta realización.
Los talentos distribuidos son las riquezas del Señor, los intereses de su Reino. El plazo para hacerlo fructificar es el tiempo de la Iglesia. Los creyentes tenemos la responsabilidad de ser colaboradores del Reino de Dios y del cumplimiento de los planes divinos. Dejar de trabajar es la manera de arruinar la propia existencia.
El siervo es censurado por no arriesgarse, por no actuar libremente en ausencia del dueño. Dios no quiere un pueblo de esclavos, sino de personas libres.
Cada don divino es un tesoro en nuestras manos. Por poco que tengamos, somos poseedores de una gran fortuna.
Quien ama de verdad está en disposición de servicio, de darse, de compartir, de trabajar por el bien común. Esconder los talentos en un hoyo no tiene justificación ante el Señor. Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo.
Ayudémonos a trabajar generosamente los dones que Dios nos ha confiado.
P. Juan Ramón González Villa.